GASTO EN SALUD: ¿CRECIMIENTO SANO O DESPILFARRO?

El gasto en salud crece día con día. La Industria de la Salud parecería ser un organismo vivo, saludable, creativo y sorprendente, como todo buen niño en crecimiento. Pero, no olvidemos que, en este símil de la Economía como un organismo vivo, debemos imaginar un momento en el que el crecimiento “del niño” se detenga y se mantenga estable, sólo con la regeneración habitual de sus tejidos, pero ya no creciendo. De esa manera, podríamos desearle “larga vida a la Industria de la Salud” que es tan sabia que poco a poco requiere menos para sobrevivir saludablemente.

En realidad, dada la alta sofisticación de las nuevas herramientas de diagnóstico y la complejidad relativa de las nuevas terapias, la expectativa es que el costo de producción y venta siga aumentando. ¿Será posible lograr una estabilización o reducción del gasto? O, ¿deberemos imaginar que el gasto en salud seguirá creciendo? Además, este esperado crecimiento ¿se trata de un crecimiento sano o de un despilfarro?

En realidad, "el despilfarro” implica un mal uso de los recursos. Puede ocurrir por omisión o por mala-acción. Lo primero ocurre cuando no aplicamos a tiempo un método diagnóstico o una intervención terapéutica y entonces el gasto al final se incrementa. Por ejemplo, en la escala poblacional, la no utilización de vacunas en la etapa infantil o más simple aún, el no lavarse las manos o no disponer de agua potable para consumo humano. Lo segundo (la mala-acción), puede ocurrir al realizarse estudios diagnósticos innecesarios o excesivos (en hospitales privados, por ejemplo) o bien recibir tratamientos a dosis o por tiempo inadecuados (lo cual incrementa toxicidad) o no por no tener buenos apegos (por ejemplo, pacientes con padecimientos claramente identificados que no llevan dieta, no hacen ejercicio o no toman bien sus medicamentos), lo cual reduce la eficacia.


Piramide edadPero, antes de ahondar en el posible despilfarro, primero tendremos que tener conciencia de que si existe una clara necesidad de inversión en recursos para el área de la salud. En los hogares con conciencia básica de la economía de la salud, suele comentarse que el gasto en salud de un niño es bajo; durante la adolescencia (12 a 20 años) puede crecer ligeramente debido a la moderada incidencia de accidentes escolares; en un adulto joven (20-40 años) masculino suele mantenerse con un crecimiento leve, mientras que en la mujer se observa un salto debido a la maternidad y/o padecimientos ginecológicos; en la etapa adulta intermedia (40 a 60 años) aparecen los padecimientos crónicos que suelen incrementar el gasto en una fracción significativa de la población (5 a 15%). Finalmente, durante la etapa adulta avanzada (más de 60 años) es cuando se presentan grandes picos de actividad en el consumo de los recursos debido a padecimientos degenerativos graves (cardioapatías, hepatopatías, nefropatías y cáncer).

 

Estos escenarios son conocidos ampliamente y no sorprenden a un administrador de la salud que está consciente de que cada país tiene una pirámide de población diferente y de acuerdo a la proporción de adultos mayores se incrementará el gasto en salud, considerablemente. En México, por ejemplo, la pirámide poblacional se está modificando constantemente, con una expectativa de incremento en la proporción de adultos mayores y una reducción en la proporción de jóvenes. Entonces la expectativa de gasto en salud será de un crecimiento.


Crecimiento del gasto en saludDe acuerdo a un reciente artículo aparecido en la prestigiosa revista “The Lancet”, que utiliza datos del Instituto para la Evaluación de Métricas en Salud, de los EEUU, el gasto global en salud se incrementará de $7.83 (en 2013) a $18.28 trillones de dólares, para el año 2040. De hecho, es sabido que a medida que un país mejora en su economía, se incrementa su gasto per cápita en salud. En la predicción de los autores del Lancet, el incremento anual global será del 2.7%. Sin embargo, los escenarios de crecimiento son muy heterogéneos y dependerán entonces del tipo de país que imaginemos. En los países de altos ingresos, el crecimiento será del orden del 3.4% anual, mientras que en los países de bajos ingresos será de tan solo el 2.4%.

De acuerdo a las metas de la ONU, conocidas como Chatham House Goals, del 2016, para lograr un desarrollo sustentable, se requiere al menos una inversión en salud, superior al 5% del producto interno bruto del país.

Lamentablemente, los países de más bajos ingresos, solo 1 de 34 (3%) logrará crecer a las cifras ideales de inversión en salud. En los 36 países de ingresos medios, solo el 37% (36/98 países) lograrán la meta. Según los autores, “urgen nuevos escenarios de financiación” para evitar esta enorme brecha que afrontarán diversos países.

 

Según mi opinión, urge además desarrollar controles para que las nuevas tecnologías no sólo sean seguras y/o eficaces, sino también eficientes (cada vez de menor costo) y auto-sustentables (con financiación asegurada) para que puedan funcionar en los “nuevos modelos de protección de la salud” orientados a dos grandes áreas:


(1) Población usuaria de predictores genéticos tempranos de enfermedad que identifique a la población en riesgo y que requiere una intervención oportuna aun con procedimiento de alto costo por su sofisticación técnica.


(2) Población practicante de estilos de vida más saludables. Esto implicará proponer, diseñar y aplicar estrategias modernas y accesibles para todos los seres humanos de este planeta. Deberá estimularse a las empresas de salud que fomenten prácticas de reducción de riesgo y desincentivar a aquellas que fomenten el riesgo.
Sin duda entonces, la respuesta a las preguntas de este artículo es que, si debemos esperar un incremento en el gasto en salud, pero a la vez debemos reducir el despilfarro y apoyar el desarrollo de nuevos de salud más eficientes y más autosustentables.

Referencias:


1. Dieleman J.L., Templin T., Sadat N., Reidy P., Chapin A., Foreman K., Haakenstad A., Kurowski C. National spending on health by source for 184 countries between 2013 and 2040. The Lancet, 2016;387(10037):2521-2535.

2. http://www.healthdata.org/