¿Antibióticos para tratar el cáncer de hígado?

"La enfermedad hepática crónica, que puede conducir al cáncer de hígado, es una importante causa de mortalidad en México y en las personas de ascendencia mexicana que viven en Estados Unidos. Deseábamos comparar la prevalencia de factores de riesgo en esos dos grupos", explicó en un comunicado de prensa de la Asociación Americana de Investigación sobre el Cáncer (American Association for Cancer Research).

Los tumores hepáticos primarios y la metástasis hepática representan actualmente la principal causa de muertes relacionadas con el cáncer. El hígado interactúa íntimamente con el intestino y realiza muchas funciones esenciales relacionadas con la digestión, el metabolismo de nutrientes y la eliminación de metabolitos bacterianos. Los hígados enfermos a menudo se asocian con una composición bacteriana intestinal alterada, o disbiosis, y se ha sugerido que los productos bacterianos intestinales contribuyen a la transformación maligna de los hepatocitos. El hígado está expuesto al microbioma intestinal a través de la vena porta y es un órgano inmunológico que está muy poblado de células inmunes. Los estudios recientes han demostrado que las bacterias comensales intestinales son reguladores importantes de la inmunidad antitumoral. Aunque se ha establecido que el microbioma intestinal influye en la eficacia de la inmunoterapia contra el cáncer, no se conoce bien el papel de las bacterias intestinales en la vigilancia antitumoral en el hígado.

Así lo explica Tim Greten, director de esta investigación publicada en la revista «Science», «los que hemos visto utilizando diferentes modelos de tumores es que si uno administra antibióticos a un ratón y elimina ciertas especies bacterianas de la flora intestinal, entonces puede cambiar la composición de las células inmunes del hígado y, así, influir sobre el crecimiento de los tumores hepáticos. Nuestro trabajo supone un gran ejemplo de cómo lo que aprendemos en la investigación básica puede ofrecernos una visión de los mecanismos oncológicos y facilitar el desarrollo de tratamientos potenciales».

Con objeto de evaluar la posible relación entre la microbiota intestinal y este tipo de cáncer, los autores recurrieron a un modelo animal –ratones– al que, tras inocularle células cancerígenas en el hígado, administraron distintas combinaciones de antibióticos. ¿Y qué pasó? Pues que tal y como era esperable, los fármacos eliminaron a muchas de las bacterias de sus intestinos. Pero aún hay más. La muerte de estas bacterias provocó que los animales desarrollaran tumores hepáticos más pequeños y en mucha menor cantidad.

Según los resultados, la erradicación bacteriana conllevó un incremento en la cantidad de células ‘asesinas’ o células NK –del inglés ‘natural killers’, tipo de linfocito T responsable de controlar y regular el tamaño de los tumores– en los hígados de los animales. De hecho, los autores constataron que la reducción en la proliferación de los tumores hepáticos inducida por la antibioterapia fue directamente dependiente del número de células asesinas. Es más; los resultados también mostraron que la acumulación de células NK en el hígado era consecuencia del incremento de la expresión de una proteína denominada CXCL16 en las células que conforman las paredes de los capilares hepáticos.

Como indica Tim Greten, «llegados a este punto, nos preguntamos por qué los ratones tratados con antibióticos tenían una mayor producción de CXCL16 en las células endoteliales. Y es que este era el punto fundamental. Y lo que vimos es que los ácidos biliares pueden controlar la expresión de CXCL16. Así que hicimos más experimentos y pudimos concluir que si tratamos a los ratones con ácidos biliares, entonces podíamos cambiar el número de células NK en el hígado y, por ende, la cifra de tumores».

 

Referencia

http://aacrjournals.org/

http://science.sciencemag.org/content/360/6391/eaan5931

http://www.jornada.unam.mx/2014/10/02/ls-lacontra.html